Mastitis puerperal: definición, tipos y tratamiento

Esta semana vamos a hablar en nuestra blog sobre una patología muy frecuente en las mujeres que son madres: la mastitis puerperal. Hablaremos sobre su definición, sus tipos y su tratamiento.

La mastitis es la respuesta inflamatoria de las estructuras de la glándula mamaria frente a una agresión,  ya sea de microbios, parásitos, agentes químicos, hormonales, autoinmunes o físicos.

 

Mastitis puerperal: definición, tipos y tratamiento

En la clasificación de las mastitis, la mastitis puerperal se incluye dentro de las mastitis glandulares agudas.

En general, las mastitis agudas son de aparición y evolución rápidas. En este tipo de mastitis predominan las manifestaciones inflamatorias.

Definición de mastitis puerperal

La mastitis puerperal es la inflamación de uno o varios lóbulos mamarios y puede estar acompañada o no de infección. Suele ser unilateral, afectando a una sola mama.

A la mastitis puerperal se le llama también «Mastitis de la lactancia» y lo más frecuente es que aparezca en las primeras doce semanas tras el inicio de lactancia. Sólo en un 5% de los casos aparecen después de esas doce semanas.

A cualquier mujer lactante con dolor en una mama, acompañado o no de síntomas inflamatorios, se le debe realizar un cultivo de la leche de ambas mamas para confirmar o descartar una mastitis infecciosa.

La leche materna no es estéril. A través del denominado circuito entero-mamario las bacterias intestinales de la madre aparecen en ella y se transmiten al niño a través de la lactancia materna. De esta forma, en hijos nacidos por cesárea, a los 3 días del nacimiento y tras la ingesta del calostro, los bebés tienen en su intestino la misma microbiota intestinal que la madre.

Tipos de mastitis puerperal

-Mastitis puerperal aguda: aparecen manifestaciones sistémicas generales como fiebre, escalofríos y mal estar general, con dolores musculares y articulares. Constituye un 10-15% de los casos.

-Mastitis puerperal subaguda

-Mastitis puerperal subclínica

El origen de la mastitis se debe a una posición inadecuada del bebé al mamar. Se produce un círculo vicioso que se inicia con una insuficiente extracción de leche con ingurgitación del seno, seguida de obstrucción canalicular y disbiosis de la microbiota de la glándula mamaria.

Tratamiento de la mastitis puerperal

El tratamiento de la mastitis puerperal incluye el reposo, antiinflamatorios (ibuprofeno, 600 mg/12 horas), analgésicos, extracción de la leche y ciprofloxacino de 500 mg/12 horas o trimetroprim sulfametoxazol de 800 mg/12 horas.

La asociación del vaciado del seno a los antibióticos reduce el tiempo de duración de la mastitis y permite continuar la lactancia en casi todos los casos. Por lo tanto, no os preocupéis. Hay muchísimas mujeres que padecen este tipo de mastitis y pueden seguir manteniendo la lactancia materna.

En un pequeño porcentaje de casos, entre un 3-11 %, por tratamiento inadecuado o tardío, se desarrolla un absceso que es una complicación grave.

Un absceso es una colección de pus en el interior de la glándula mamaria. El absceso puede puncionarse con una bránula localizándose mediante ecografía, en los casos de abscesos profundos, y proceder a la evacuación y cultivo de su contenido.

Por eso os recomiendo que si estáis con antibiótico y notáis una masa dura con enrojecimiento de la piel o dolor que no cede, fiebre, etc. acudáis a urgencias para que os valore un especialista.

Los casos rebeldes se drenarán mediante una incisión periareolar lo más alejada posible de los cuadrantes superiores de la mama y en la porción más declive de la colección, dejando un drenaje.

Tras el cultivo del pus, vuestro médico os recetará antibioticoterapia específica si el cuadro no ha remitido. Aunque la supresión de la lactancia es controvertida, se indica en caso de abscesos con supuración activa a través del pezón.

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